Imagen obtenida en la sección de sociales de la revista Cosas Perú
Carta abierta sobre 97 Empleadas Domésticas
La preocupación por los derechos de imagen en cuanto al proyecto 97 Empleadas Domésticas ha superado notablemente la preocupación por la situación de las trabajadoras del hogar en Perú. Al respecto quisiera aclarar lo siguiente:
En primer lugar yo no he robado esas imágenes de las cámaras fotográficas de sus autores. Las imágenes estaban en una plataforma de internet a la cual tuve acceso de manera libre y sin utilizar ninguna herramienta de forma ilegal. Las personas que aparecen en el proyecto no eran contactos de mi cuenta personal de facebook por lo cual habían dejado abiertos sus perfiles a cualquier persona que tuviese acceso a internet. En la Declaración de derechos y responsabilidades de facebook en el artículo sobre Compartir el contenido y la información, se especifica en el punto número 4 lo siguiente:
“Cuando publicas contenido o información con la configuración “Público”, significa que permites que todos, incluidas las personas que son ajenas a Facebook, accedan y usen dicha información y la asocien a ti”
En segundo lugar, el grupo social que aparece en el proyecto es constantemente retratado en la sección de “sociales” de revistas que se editan a nivel nacional como Cosas, Hola, Caras o Asia Sur. La sección de sociales de estas revistas no solo aparece en la versión impresa, sino también en sus páginas web y en las páginas de facebook donde con un simple “Me Gusta” uno puede acceder a las imágenes así como a los nombres y apellidos de las personas que aparecen en ellas, incluidos también, los nombres y apellidos de los menores de edad. Dichas revistas no solicitan permisos escritos de manera legal a los padres de los niños que aparecen, ni hay ningún tipo de cesión de derechos de imagen de la gente que llena estas páginas. Los padres no consideran un riesgo que sus hijos salgan en estas revistas con nombre y apellido y hasta los lugares y eventos que frecuentan. En este sentido, entiendo que mi trabajo no hace la labor que llevan a cabo estas revistas de legitimar constantemente una clase social que permite la publicación de sus rostros y espacios privados sin ningún temor siempre y cuando sea dentro de un contexto en donde se les representa de manera “positiva”. Es interesante que en el caso de 97 Empleadas Domésticas si valga la pena pensar en hacer una demanda judicial y reclamar por los derechos de imagen. Preferiría que las personas que aparecen en el proyecto sean mas sinceras y traten de interponer una denuncia por deslegitimación de su clase social antes que utilizar como escudo su privacidad y aludir a que pongo en riesgo a sus menores hijos cuando tanto sus perfiles personales en las redes sociales, como las diversas revistas donde aparecen, circulan de manera abierta en internet y conteniendo mayor información sobre estas personas de la que se incluye en el proyecto.
El malestar generado por el proyecto, el cual simplemente explica que en la parte posterior de las imágenes aparecen trabajadoras domésticas, pareciera estar más relacionado a no querer reconocer algo que incomoda en nuestra sociedad: El bienestar de estas familias, la comodidad y alegre cotidianidad que los autores de las fotografías han retratado, están apoyados en el trabajo de mujeres a las cuales no se les reconocen los derechos ni de imagen, ni laborales, ni de privacidad, ni de acceso a una vida digna y tomemos en cuenta lo siguiente: las personas que han publicado estas imágenes de manera abierta en facebook no solo han publicado los rostros de su familia y amigos sino también aparecen personas a las cuales no se les ha consultado la publicación de su imagen. Con esto me refiero a las trabajadoras del hogar que aparecen en las mismas. Es sintomático que una vez más, una crítica hacia el régimen laboral impuesto a las trabajadoras del hogar termine generando un reclamo de los derechos de las personas de clase alta, tratando de invisibilizar el problema de fondo. Sería interesante y una gran muestra de humildad, que por una vez la clase alta peruana ceda sus derechos de imagen para un reclamo por los derechos de las trabajadoras del hogar, entre las cuales también se encuentran menores de edad.
Dentro de las críticas vertidas en twitter, facebook, blogs así como en mails personales que me han sido enviados por sujetos que aparecen en el proyecto, se hace constante referencia a que en las imágenes no se muestra ningún tipo de agresión, sometimiento, violencia o discriminación hacia la trabajadora del hogar. Precisamente el proyecto apunta a que este tipo de régimen laboral es en si una situación de violencia, sometimiento, agresión y discriminación debido a una condición laboral que no es reconocida ni fiscalizada por el estado y la cual queda siempre en manos de los empleadores como únicos garantes de los derechos de estas personas. Cabe cuestionarse hasta donde llega la privacidad de los hogares que aparecen en el proyecto desde el momento en el que en su interior se desarrolla una relación laboral. Desde el momento en el que el hogar se convierte en un espacio de trabajo el estado y la sociedad civil tienen la obligación de velar por el cumplimiento de las condiciones de trabajo dentro de ese contexto.
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